Economía colombiana (III) - Siglo XIX: Del pasado colonial al modelo liberal


El desarrollo económico de Colombia después de 1810 osciló entre dos modelos: el que luchaba por reconstruir los fundamentos coloniales de la economía nacional y el que aspiraba a una ruptura con múltiples trabas que se oponían al desarrollo moderno. El segundo, que habría de triunfar hacia 1850, oponía al proteccionismo el libre cambio, a la intervención del Estado en el ordenamiento de la economía la defensa de la empresa privada, y a los esfuerzos de industrialización y protección de los productos nacionales la teoría de que la agricultura y la minería para exportación deberían ser los ejes del desarrollo nacional.


Los años que siguieron a 1820 mostraron los esfuerzos por reorientar la economía hacia uno u otro modelo. Los gobiernos posteriores a 1830 lograron sostener el patrón de desarrollo sobre parámetros de origen colonial. Sin embargo, a partir del primer gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera (1845-1849) se dieron los primeros pasos tendientes a reorientar la economía colombiana sobre fundamentos liberales. Este movimiento tomó pleno vuelo durante la administración de José Hilario López (1849-1853), en medio de un conflicto social creciente, por la movilización liberal de los sectores populares y la insurrección conservadora de 1851. Hermes Tovar Pinzón

Hermes Tovar Pinzón -  La lenta ruptura con el pasado colonial (1810-1850) [pdf]

Jorge Orlando Melo - Las vicisitudes del modelo liberal (1850-1899) [pdf]


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• Malcolm Deas - Contexto económico y fiscal de la guerra [pdf]
• Renzo Ramírez Bacca - De la distribución de baldíos a la consolidación de una región cafetera. Dinámica comercial y estructuras agrarias en el Líbano, Tolima (1866-1897)  [pdf]
• Frank R. Safford - Empresarios nacionales y extranjeros en Colombia durante el siglo XIX [zip]
• Thomas Fischer - Empresas extranjeras en el sector del oro y de la plata en Colombia, 1870-1914 [pdf]
Yesid Sandoval B. y Camilo Echandía C.- La historia de la quina desde una perspectiva regional. Colombia, 1850-1882  [zip]
Fabio Zambrano - La navegación a vapor por el río Magdalena s XIX  [pdf]
Francisco José Alarcón Alarcón y Daniel Gustavo Arias Buitrago - La producción y comercialización del añil en Colombia 1850-1880   [zip]
René de la Pedraja Toman - Los cosecheros de Ambalema. Un esbozo preliminar. 1830-1840  [pdf]
Malcom Deas - Una hacienda cafetera de Cundinamarca: Santa Bárbara (1870-1912)   [zip]

Ilustración: Billete de 1000 pesos del Banco Nacional, emitido en 1895. (180 x 80 mm)

Economía colombiana (II) El Virreinato (1740-1810) - Jaime Jaramillo Uribe



La economía del Nuevo Reino de Granada durante el período colonial reposó básicamente sobre la producción minera, en especial la de oro. Por lo menos hasta 1780 este metal precioso representó casi el 100% de las exportaciones; sólo en las dos últimas décadas del siglo XVIII, cuando la Corona española hizo un esfuerzo para aumentar y diversificar las ventas externas, se redujo levemente su importancia como elemento dinámico del comercio exterior. Aun entonces, siguió representando el 90% de las exportaciones. El 10% restante la constituían productos agrícolas y pecuarios como el algodón, el cacao, el azúcar, el palo de tinte, la quina y los cueros.
La minería del oro fue, pues, el sector inductor de los otros campos del desarrollo económico. El oro no sólo impulsó e hizo posible el comercio interno y externo, sino también el desarrollo agrícola, ganadero y manufacturero, creando en las zonas mineras un mercado para los productos agrícolas y ganaderos de varias provincias y para los lienzos y ropas que se producían en Quito, Pasto y las provincias de Tunja y Socorro. Sin exageración puede decirse que toda la economía del Virreinato estaba vinculada a la producción de oro y que las coyunturas de alza o baja que ésta sufría se traducían en depresiones o bonanzas de la economía general. (Jaime Jaramillo Uribe).

Jaime Jaramillo Uribe - La economía del Virreinato (1740-1810)   [pdf]


Textos de referencia
• Oscar Rodríguez Salazar - Anotaciones al funcionamiento de la Real Hacienda en el Nuevo Reino de Granada s. XVIII  [pdf]
• De la Pedraja Tomán, René - Aspectos del comercio de Cartagena en el siglo XVIII  [pdf]
• Mc Farlane, Anthony - Comerciantes y monopolio en la Nueva Granada. El consulado de Cartagena de Indias (1739-1810)  [zip]
• Mc Farlane, Anthony  - El comercio exterior del virreinato de la Nueva Granada- conflictos en la política económica de los Borbones (1783-1789)  [zip]
• Marta Herrera Ángel - El corregidor de naturales y el control económico de las comunidades- cambios y permanencias en la Provincia de Santafé Siglo XVIII. [zip]
• Oscar Rodríguez Salazar  - La Caja Real de Popayán 1738-1800 [zip]
• Margarita González - La política económica virreinal en el Nuevo Reino de Granada - 1750-1810.   [zip]
• Gilma Mora de Tovar - Las cuentas de la Real Hacienda y la política fiscal en el Nuevo Reino de Granada a fines del siglo XVIII  [pdf]
• Documento - Plan fiscal y económico para la provincia de Antioquia, 1782  [pdf]
• Documento - Sobre remisión de caudales en las fragatas "Gloria" y "Santa Águeda" 1794  [pdf]


Ilustración: Desde 1771 la moneda española se hizo con un poco menos de oro por mandato secreto del rey. 8 escudos, N.R., 1777 (37 mm.) 

Los piratas de Cartagena - Soledad Acosta de Samper




La envidia, la emulación y el odio que el gran poderío de España en el nuevo mundo despertó entre las demás naciones europeas, se había traducido por medio de ataques y vías de hecho: cosa natural en un tiempo recién emancipado de la barbarie y que acababa de salir de la época de transición llamada de la Edad Media. Aquellos ataques injustos contra España se pusieron en planta por ciertas asociaciones y compañías de piratas, corsarios, filibusteros, bucaneros y aventureros de diferentes naciones, y particularmente ingleses y franceses, los cuales, con el pretexto de auxiliar a sus gobiernos y reyes -casi continuamente en guerra contra España-, se dieron a robar los tesoros que llevaban de las colonias a la madre patria, cometiendo al mismo tiempo innumerables desafueros y cruelísimas acciones en los puertos hispanoamericanos, como podía temerse de malandrines sin Dios ni ley.

Establecidas aquellas asociaciones de piratas en varias islas de las Antillas, que habían logrado tomar por su cuenta, muy en breve se hicieron poderosos y temibles, y las expediciones que sus jefes enviaban contra la tierra firme causaban el espanto y el terror de los colonos, que jamás podían vivir tranquilos y seguros.

Señalaremos aquí muy de paso los nombres de las expediciones más importantes que atacaron las costas de los territorios que hoy forman la República de Colombia.

Los primeros que arruinaron las recién fundadas poblaciones de Santa Marta y Cartagena, en 1544, pertenecían a la nación francesa, y los historiadores españoles llaman a su jefe Roberto Baal o Bahal. Tras éstos vinieron los tolerados y enviados por la reina Isabel de Inglaterra, al mando de los Hawkins, padre e hijo, los cuales arruinaron a Nombre de Dios y a Río de Hacha. Después Francisco Drake atacó a Santa Marta, Cartagena, Portobelo y Chagres, en 1586 y 1596. Guateral se apoderó de varios lugares en las cercanías de Portobelo, y lo saqueó; Francisco Lolois hizo otro tanto; pero después de haber robado muchas de las poblaciones del istmo, murió a manos de los indios del Darién.

Uno de los más audaces filibusteros del siglo XVII, Juan Morgan, no se contentó con saquear a Portobelo, sino que entró por el río Chagres, y atravesando el istmo llegó hasta Panamá, a la cual atacó, robó y convirtió en cenizas, ayudado por Carlos Henrique Clerk , que se hallaba en las aguas del Pacífico con una fragata inglesa.

En aquel mismo siglo Juan Spring atacó a Portobelo, en 1670; en 1680 Bartolomé Sharp, Juan Guarlen o Swan Waffer y Bartolomé Bolmen, hicieron el mismo viaje a través del istmo en connivencia con los indios del Darién, y, después de muchas aventuras, los que lograron salir con vida regresaron a Europa en las naves españolas que encontraron en el Pacífico.

Algunos años adelante, un jefe enviado expresamente por la corte de Francia -el Barón de Pointis- se unió a los filibusteros para atacar y tomar a Cartagena.

Al empezar el siglo XVIII, los corsarios ingleses Tomás Colb, Guillermo Dampier y otros cometieron toda suerte de depredaciones a uno y otro lado del istmo de Panamá, y dejaron manchados con sangre sus nombres en los anales de nuestras costas. A mediados del siglo XVIII los puertos de Portobelo , Chagres y Cartagena fueron atacados por las escuadras inglesas al mando, primero del almirante Hossier, después del almirante Vernon y, finalmente, de Guillermo Kinhiesel, enviado por el almirante Ogle.

Los hechos ejecutados por estos enemigos de España, y los acontecimientos ocurridos durante aquellos ataques, todos más o menos dramáticos, dan una idea de lo que eran las costumbres y los caracteres de aquellos pasados siglos; por lo cual nos hemos propuesto narrar en los cuadros histórico-novelescos que se leerán a continuación algunos de los sucesos más interesantes que hemos hallado, particularmente en la historia de Cartagena, una de las ciudades que más odiaban los piratas, y la única que logró defenderse con brío contra sus enemigos, aunque no siempre con éxito feliz.

(Del la introducción  al libro "Los piratas de Cartagena" de Soledad Acosta de Samper (1803-1913)

Los piratas de Cartagena - Soledad Acosta de Samper [pdf]



–  Meisel Roca, Adolfo y Aguilera Díaz, María - Cartagena de Indias en 1777 [pdf]
Samper, Santiago - Semblanza de Soledad Acosta de Samper. [pdf]






Economía colombiana (I) La formación de la economía colonial (1500-1740)



Una de las dificultades más comunes con las que tropieza la comprensión de la historia económica reside en la falta de familiaridad con órdenes arcaicos de magnitudes, propios de economías precapitalistas. Esta dificultad induce muy frecuentemente al anacronismo, es decir, a sustituir nuestras propias nociones sobre el tamaño o el valor de las cosas a las nociones mucho más imprecisas de épocas pretéritas. Hay una resistencia natural a aceptar, digamos, la medición de distancias en días o aun en meses, y se prefiere expresarlas en nuestras convenciones decimales. Con ello estamos eliminando muchos elementos que harían posible una verdadera comprensión histórica. Por ejemplo, la dimensión sicológica de la inseguridad que podía experimentar un hombre de los siglos pasados ante la perspectiva de emprender un viaje.
Aquí enfrentamos un problema que no consiste sólo en la confusión introducida por sistemas anárquicos de mensura. Un problema más radical se desprende del hecho de que los órdenes arcaicos de magnitud expresaban ante todo relaciones. No es muy intrincado determinar el contenido en gramos de oro de un castellano o su equivalente en pesos de plata o patacones. Pero resultaría absurdo convertir tales denominaciones acomodándolas a los precios contemporáneos de la onza de oro. Desde el punto de vista de la comprensión histórica, el único expediente consiste en familiarizarse con los precios corrientes de las cosas que se vendían. Tener en cuenta, por ejemplo, que en el siglo XVII un esclavo negro entre los 16 y los 25 años podía costar entre 250 y 300 patacones en Cartagena y de 500 a 600 en una región minera. Que a comienzos del siglo XVIII una res se vendía por cuatro patacones y a finales del siglo por catorce. O que una extensión considerable de tierras (digamos mil hectáreas en el Valle del Cauca) costaba apenas tres mil patacones, en tanto que el rico atuendo de una mujer noble de Popayán podía llegar a valer 500 patacones, los cuales representaban el salario de unos 35 peones de concierto en un año o la totalidad de los salarios que podía devengar un peón en el curso de su vida entera.
Descritas así, las equivalencias parecen incongruentes o absurdas. Obviamente ellas no hacen parte de nuestro propio sistema de relaciones. Expresan una sociedad en la que las relaciones de trabajo, los consumos o el valor de la tierra no se ajustan a las proporciones que nos son familiares. Pero tales magnitudes y equivalencias tan disímiles a las nuestras son apenas el indicio de una discordancia más fundamental. No sólo son intraducibles y tienen, por lo tanto, que abordarse y comprenderse por sí mismas, sino que remiten a realidades articuladas de una manera diferente. (Germán Colmenares).

Germán Colmenares - La formación de la economía colonial (1500-1740)  [pdf]


Textos relacionados
• Germán Colmenares - Problemas de la estructura minera en la Nueva Granada (1550-1700)  [zip]
• Guido Barona - Estructura de la producción de oro en las minas de la Real corona- Chisquío (Cauca) en el siglo XVII  [zip]
• William F. Sharp - La rentabilidad de la esclavitud en el Chocó, 1680-1810  [zip]
• Gilma Mora de Tovar - Poblamiento y sociedad en el bajo Magdalena durante la segunda mitad del siglo XVIII  [zip]
• Marta Zambrano - Trabajo precioso, trabajadores despreciables. Prácticas conflictivas y consenso epistémico en el discurso colonial.  [zip]
• Documento - Visita, cuenta, descripción y tasa de los naturales del Valle de Sibundoy (1570)  [pdf]


Ilustración: Moneda en oro, acuñada en la España de los Reyes Católicos. 


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Joseph Gumilla - Historia natural, civil y geográfica de las naciones situadas en las riveras del río Orinoco  (1791)



El padre Joseph Gumilla es el cronista llanero más conocido; formó parte del último grupo de jesuitas que misionaron desde Santa Fe hasta las costas, de Guayana. Nació en Cárcer, Orihuela, en 1686, ingresó a la Compañía en 1704; fue enviado a Santa Fe en 1705; se ordenó en 1714; partió para los Llanos en 1715, donde dispuso de inmediato la fundación de San Ignacio de los Betoyes; Pasó nueve años en el Apure. En 1731 exploró las -bocas del Orinoco buscando rutas de abastecimiento a las misiones. La serie de fundaciones jesuitas reiniciadas en 1661 sobre el Casanare y las nuevas sobre el Orinoco y otros tributarios recibieron pronto el ataque de holandeses, "judíos" e ingleses aliados con los caribes. En sólo 1732 se habían fundado la Purísima Concepción de Guayqueries, San José de Mapoyes, los Ángeles y Santa Teresa de Sálivas (al decir del padre José del Rey, quien sigue): "El 24 de enero de 1733 los jefes Taricura y Araguare reanudaron sorpresivos asaltos" en septiembre y octubre destruyeron San Miguel de Vichada, San José de Otomacos y San Ignacio de Guamo...". En 1734 los jesuitas entregan los pueblos Guayanos a una comisión de dominicos y de agustinos. De inmediato el misionamiento del medio Orinoco es entregado a las misiones de Píritu de Observadores de San Francisco y el bajo a los padres capuchinos catalanes: fue el fin de la gobernación de El Dorado de Quesadas y Berríos y el afianzamiento de los gobernadores de Cumaná y de Nueva Andalucía. Los jesuitas Llauri y Julián de Vergara fueron restituidos entonces a la misión de Casanare. En 1737 Gumilla pasa al rectorado del colegio de Cartagena y en 1738 es designado provincial del Nuevo Reino. Ese año viaja a Madrid y a Roma como procurador y en 1741 publica en Madrid su famoso Orinoco ilustrado (en 1791 se publica una versión corregida con el título Historia natural, civil y geográfica de las naciones situadas en las riveras del río Oninoco...etc.). Regresa en 1743 al Nuevo Reino y fallece el 16 de julio de 1750.  (Mario Mejía Gutiérrez.)

Joseph Gumilla - Historia natural, civil y geográfica de las naciones situadas en las riveras del río Orinoco  (1791)
Tomo I   [ pdf ]
Tomo II   [ pdf ]



Textos relacionados

- Aventureros cronistas y científicos en la Orinoquia por Mario Mejía Gutiérrez.   [ pdf ]
- Impacto de las misiones religiosas y de las guerras de independencia en la construcción y destrucción de pueblos y ciudades coloniales en los Llanos por  Héctor Publio Pérez Ángel. Centro de Historia de Casanare. Yopal.   [ pdf ]


Enlaces de interés
- Ensayos orinoquenses por María Eugenia Romero [htm]
- La Orinoquía colombiana, visión monográfica. Corpes Orinoquia [htm]

 Ilustración:  Proceso de la mandioca por los pueblos aborígenes de las riberas del Orinoco.



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